Dios escucha la oración de todo aquel que acepta a Jesús como su salvador personal, como dice Romanos 10:9-10:
“que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.”
Desde ese momento que confesamos a Jesús como nuestro salvador, se establece un vínculo de comunión personal entre el hombre transformado y el Dios perdonador.
Desde ese momento que confesamos a Jesús como nuestro salvador, se establece un vínculo de comunión personal entre el hombre transformado y el Dios perdonador.
El pecado no nos deja mantener ese vínculo de comunión con Dios, porque al orar hablamos con un Dios santo.
Levítico 11:44: dice:
“Porque yo soy Jehová vuestro Dios; vosotros por tanto os santificaréis, y seréis santos, porque yo soy santo…”.
1 Tesalonicenses 5:17-18: nos enseña:
“Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”.
La oración debe ser una prioridad en nuestras vidas como cristianos, ocupando un lugar de importancia. Esto significa hacer de ella una práctica permanente, un estilo de vida constante de comunión con Dios, desde el inicio del día, sin dejar nuestras actividades cotidianas y hasta el momento de ir dormir.
La oración falsa: Es hablar con Dios basándonos en lo que creemos merecer y en los que pesamos que Dios debiera considerar de nosotros.
La oración genuina (auténtica y verdadera): Se basa en la humildad, reconociendo que no somos aceptados por nuestra conducta, si no por la misericordia de Dios. Es un dialogo constante y sincero con nuestro Señor. 1 Juan 1:9:
Dios no quiere que solamente le hablemos; Él también quiere que le escuchemos. Y una manera de escuchar su voz es a través de la lectura diaria de su palabra.
Pablo exhortó a los colosenses a ser constantes en la oración. En Colosenses 4:2: nos llama a perseverar en ella, manteniendo una actitud de gratitud, temor y respeto hacia Dios. La oración debe ocupar un lugar prioritario en nuestras vidas; es decir, debemos dedicarle tiempo a Dios.
Necesitamos ser guiados por Dios en nuestro diario vivir, para tomar decisiones correctas y caminar conforme a su voluntad.
Dependemos de Dios, porque Él es un Dios de gracia. Necesitamos el escudo de la oración, pues un cristiano que descuida su vida de oración debilita su comunión con Dios y pierde autoridad espiritual.
Jesús mismo nos enseña a vivir una vida estrechamente vinculada a la oración.
Algunos textos de apoyo bíblico que muestran al hombre hablando con Dios: Éxodo 32:11:; Deuteronomio 9:26:; 2 Reyes 6:17:; Daniel 6:10:
Jesús mismo nos enseña a vivir una vida estrechamente vinculada a la oración, mostrándonos con su ejemplo la importancia de mantener una comunión constante con nuestro Padre celestial.
Textos bíblicos de apoyo:
Mateo 5:44; Marco 14:32; Lucas 22:44; Lucas 22:46
Si usted no sabe cómo orar, o siente que ha perdido ese vínculo de comunión con Dios, acérquese a Él con humildad de corazón y dígale:
“Padre, enséñame a orar y hazme un instrumento valioso para tu reino”.